Libreta de los hijos, oportunidad para los padres

La entrega de la libreta puede generar sentimientos como ansiedad de que esté “todo bien” con nuestro hijo, temor por las calificaciones bajas y cómo seguirá el resto del año o indiferencia por estar con otras preocupaciones

Sin embargo, podríamos promover aquí otras actitudes y sentimientos como:

- alegría, satisfacción, agradecimiento por una etapa que se cumple

- deseo de conocer y comprender (más que los resultados o las notas) cómo va el proceso de aprendizaje 

- renovar el propósito de seguir acompañando a nuestros hijos, orientándolos según sus necesidades, repensando o pidiendo ayuda para lo que fuera necesario.

La entrega de libretas puede ser también una oportunidad para conversar sobre algunos de estos temas: ¿Qué fue lo mejor y lo peor en esta primera parte del año? ¿Qué materias te gustaron más? ¿Cuáles menos? ¿Por qué? ¿Cómo le habrá ido a tus compañeros? ¿Te parece bien tu libreta o esperabas algo diferente?

Si el rendimiento fue más bajo del esperado, podemos preguntar:

- ¿Esperabas esta nota que sacaste en…? ¿A qué puede deberse?

- ¿Por qué crees que te está costando esta materia/ este año?

-¿Qué podríamos hacer juntos para mejorar?

A los chicos les alivia sentirse apoyados y no solo juzgados por sus padres. Cuando saben que podemos "hacer un buen equipo" para lograr superar las dificultades.

Es importante valorar todos los aspectos de la vida escolar, no solo el éxito académico: ser inteligente y sacar buenas notas no alcanza para ser feliz. Es necesario aprender a ser educado, buen compañero, comprensivo con los profesores, colaborador con los celadores y preceptores, etc. Ahí los padres tenemos mucho para aportar.

Lic. Cecilia Scarafía de Martín, Fundación Créscere.

Carta de un hijo a su padre

Hablar de educación es interesante pero ejercerla, ser EDUCADORES de nuestros propios hijos, es un ejercicio fascinante. Con cada acción, con cada actitud, aún quizás sin darnos cuenta, estamos educando a nuestros hijos.

En línea con esta reflexión, nos pareció apropiado salir de nuestro papel y mirarnos desde el punto de vista de nuestros hijos. Vale la pena leer el texto anónimo que sigue lentamente, meditarlo, mientras pensamos en cada uno de nuestros hijos. Vale la pena guardarlo, porque de seguro puede ser un elemento muy valioso para los momentos de reflexión.

"CARTA DE UN HIJO A SU PADRE"

PAPÁ:

           No me grites. Te respeto menos cuando lo haces. Y me enseñas a gritar a mí también y yo no quiero hacerlo. Trátame con amabilidad y cordialidad igual que a tus amigos. Que seamos familia, no significa que no podamos ser amigos. Si hago algo malo, no me preguntes por qué lo hice. A veces, ni yo mismo lo sé.

           No digas mentiras delante de mí, ni me pidas que las diga por ti (aunque sea para sacarte de un apuro). Haces que pierda la fe en lo que dices y me siento mal. Cuando te equivoques en algo, admítelo. Mejorará mi opinión de ti y me enseñarás a admitir también mis errores. No me compares con nadie, especialmente con mis hermanos. Si me haces parecer mejor que los demás, alguien va a sufrir (y si me haces parecer peor, seré yo quién sufra). Déjame valerme por mí mismo. Si tú lo haces todo por mí, yo no podré aprender. No me des siempre órdenes. Si en vez de ordenarme hacer algo, me lo pidieras, lo haría más rápido y más a gusto. No cambies de opinión tan a menudo sobre lo que debo hacer. Decide y mantén esa posición. Cumple las promesas, buenas o malas. Si me prometes un premio, dámelo, pero también si es un castigo.

          Trata de comprenderme y ayudarme. Cuando te cuente un problema no me digas: "eso no es importante..." porque para mí sí lo es. No me digas que haga algo que tú no haces. Yo aprenderé y haré siempre lo que tú hagas, aunque no me lo digas. Pero nunca haré lo que tú digas y no hagas. No me des todo lo que te pido. A veces, sólo pido para ver cuánto puedo recibir.

           Quiéreme y dímelo. A mí me gusta oírtelo decir, aunque tú no creas necesario decírmelo.

LOS AMIGOS: fuente de preocupación de los padres y necesidad en la educación

Quién no aspira a que los hijos se relacionen con “buenos amigos”, que ejerzan una influencia positiva en su formación. De todas formas, deberíamos quizás tener en cuenta primero si lo que se está formando entre ellos es una verdadera amistad, aún más que si “son buenos chicos”.

La verdadera amistad se caracteriza por el amor en que se basa. Es aquella que está más dispuesta a dar que a recibir, sin dejar de considerar que siempre implica un amor recíproco. Cuanto mayor es la disposición a darse al y por el amigo, mayor y más verdadera es la amistad.

La falsa amistad, por su parte, se caracteriza por el egoísmo ya que toma al otro como instrumento. No solo niega el aporte personal para la mejora del otro sino que busca neutralizar la ayuda de terceros, incluso la de los propios padres. Otras características son la falta de respeto por las convicciones ajenas y la manipulación.

Las conductas típicas de la verdadera amistad se manifiestan en:

Lealtad: la disposición a la entrega aún en el sacrificio es su característica básica. La defensa justa, la presencia sin pretextos en los momentos difíciles, la ayuda sin reparos en la adversidad.

Veracidad: es base para la relación sin dobleces, permite su crecimiento en la apertura de y a la intimidad (propia y del amigo). El consejo sincero y oportuno, afirmado en la veracidad, es una de las características de la verdadera amistad.

Respeto: Solo a partir de él puede iniciarse, tomar forma y profundizarse la amistad. Esta virtud implica la delicadeza en el trato y la atención de las necesidades afectivas del otro, en consideración a su propia dignidad y necesidades de crecimiento personal.

Estas tres virtudes pueden ser guía en la evolución del crecimiento de nuestros hijos en este aspecto trascendental. Como en todo lo relacionado con la educación, la orientación más segura será el ejemplo que les demos con nuestra propia conducta en relación con nuestros amigos. Y la observación atenta en sus conductas en la vida diaria, nos posibilitará contribuir con el consejo para reafirmar los aspectos positivos y corregir los negativos.

Basado en: texto de Ernesto Puig, Técnico en Orientación Familiar

“Deberíamos tener en cuenta primero si lo que se está formando entre ellos es una verdadera amistad, aún más que si ‘son buenos chicos’.”

Límites: Claves en la educación

"No se gaste profe; a mi viejo no le importa lo que hago… si me deja hacer lo que quiero”

Esta respuesta de un alumno de 15 años a un profesor que escribía una nota dirigida al padre muestra cómo vive un adolescente la ausencia de límites: como falta de interés sobre su persona. Podría haber dicho, expresando lo mismo, “a mi viejo no le importo”.

En las últimas décadas, los padres fueron renunciando al ejercicio de una autoridad firme y se confundió cariño, amor y ternura con blandura, laxitud, indulgencia y tolerancia cómplice.

Para los hijos, los límites impuestos por los padres son la primera ley que los protege, los orienta y les marca el ancho del campo de acción que disponen para ejercer su libertad. Y por sobre todo, les muestra la atención y el interés que los padres ponen en ellos. En otras palabras, son una de las manifestaciones más claras del amor de los padres hacia los hijos.

Algunas causas de la falta de límites son el temor a defraudarlos, no saber decir “no”, la pena por el dolor que les produce, evitar el conflicto y las “malas caras”. Sin embargo, todos esos pequeños conflictos y molestias que suponemos evitar hoy, producen en efectos negativos que se acumulan.

La falta de límites se presenta en el inconsciente de los hijos como una falta de interés ya que la relación exige esfuerzo, dedicación, tiempo. El sí fácil forma una íntima sensación de desinterés y ellos no llegan a desarrollar la fuerza y las habilidades para enfrentar con éxito las exigencias propias de la vida como adultos.

No existe la educación perfecta ni recetas justas. Son los padres quienes deben desde el amor y conocimiento de sus hijos poner las normas que consideren justas y exigir su cumplimiento, actuando con ternura, seguridad y firmeza, sabiendo que son el modelo a imitar. La valoración y el respeto serán una meta y una guía para ellos.

Basado en: texto de Ernesto Puig, técnico en Orientación Familiar

“Los padres deben desde el amor y conocimiento de sus hijos poner las normas que consideren justas y exigir su cumplimiento con ternura, seguridad y firmeza”

Estrés docente: cómo afrontamos las dificultades

Cada persona posee un modo específico de afrontar el estrés que juega un papel importante en la aparición y/o agravamiento de una amplia gama de patologías.

¿Qué es el estilo de afrontamiento? Eloísa Guerrero Barona lo define como “aquellos esfuerzos cognitivos y conductuales constantemente cambiantes que se desarrollan para manejar las demandas específicas externas y/o internas que son evaluadas como excedentes o desbordantes de los recursos del individuo”. Están internalizados en nuestra forma de ser pero pueden modificarse.

Existen estrategias: 

  • “Paliativas”. Consisten en procesos cognitivos encargados de disminuir el grado de trastorno emocional que genera una situación estresante (como años de calificaciones negativas de los alumnos). Una estrategia del tipo sería aprobar a todos disminuyendo la exigencia.
  • “Instrumentales”. Implican intentar modificar el estresor, analizando la situación y buscando alternativas de solución. Por ejemplo, el generar nuevas estrategias ante calificaciones negativas permanentes por parte de los alumnos.

Las estrategias de afrontamiento “instrumentales” o centradas en el problema son más efectivas que las centradas en la respuesta emocional o “paliativa”. Las instrumentales previenen el desarrollo de las distintas enfermedades mientras que las paliativas son contraproducentes.

A través de actividades de taller personal, aplicación de conceptos y ejercicios prácticos, se puede mejorar nuestra capacidad para reaccionar positivamente frente a las dificultades del ambiente.

“Las estrategias de afrontamiento ‘instrumentales’ o centradas en el problema son más efectivas que las centradas en la respuesta emocional o ‘paliativa’”